Cuadernos de Coyuntura

Editorial #20: La emergencia política pendiente

Editorial #20: La emergencia política pendiente

 

En su editorial más reciente, el equipo de Cuadernos de Coyuntura se ocupa de analizar las pasadas elecciones en clave crítica respecto a la marcada emergencia electoral del Frente Amplio y la constitución de su bancada parlamentaria como «tercera fuerza», escenario en el que sin embargo el triunfo de la derecha, la inercia de la política transicional y su reciente constitución como fuerza política representan importantes dificultades para la construcción de unidad política. «El Frente Amplio obtiene un gran resultado al elegir un buen número de diputados. Pero la futura coherencia de su bancada no es algo ya dado, sino una necesaria unidad por construir. Ese es otro gran problema al pensar en una política que incida en la descomposición del pacto de la transición. Empujar reformas antisubsidiarias solamente será posible con unidad y responsabilidad política, la cual puede sellar el paso de una alianza electoral a una alianza política.»

 


 

El resultado de las elecciones generales del 19 de noviembre instala al Frente Amplio como tercera fuerza política en Chile, al alcanzar 21 parlamentarios y poco más del 20% de los votos en la elección presidencial. Sin arrastrar consigo un aumento en los niveles de participación -que se mantienen por debajo del 50% del padrón electoral-, tal desenlace pone al nuevo conglomerado en una posición de posible incidencia ante el balotaje, en tanto el 22% obtenido por Alejandro Guillier lo obliga a un acercamiento en igualdad de condiciones.

 

Esto último es inédito tras casi treinta años de gobiernos civiles, pues rompe con la hegemonía que la Concertación mantuvo sobre la izquierda. Una hegemonía que le permitió reiteradamente poner contra las cuerdas a cualquier tercera fuerza en las instancias de segunda vuelta, con el chantaje del “mal menor” utilizado desde los años noventa. Sin embargo, más importante que cualquier coyuntura electoral -siempre más presentes en la memoria, que otro hecho político-, tal ruptura abre la puerta para disputar el carácter de las iniciativas que se suponen de izquierda. Es decir, la posibilidad de que las promesas de reforma dejen de convertirse en iniciativas de administración y profundización del sistema y puedan atacar la raíz de la concepción de Estado y de modelo de desarrollo que predomina. Algo que hoy, en el Chile del Estado subsidiario, no han hecho Bachelet ni la Nueva Mayoría.

 

Se presenta, pues, una oportunidad histórica. Una en la que, sin embargo, no debiese confundirse el quiebre de tal hegemonía con el problema político de fondo de poner fin al pacto de la transición. Ese eventual quiebre no pasa solo por la constitución de una fuerza política con capacidad electoral, sino que requiere de un cambio en el carácter social de la política. Es decir, de la entrada a ese espacio de una fuerza que exprese las demandas de las franjas sociales para las que el pacto de la transición no tiene respuesta: reformas antineoliberales que son tales, en tanto enfrentan la subsidiaridad que ha convertido derechos sociales en políticas focalizadas y que traspasa ingentes recursos del Estado a la acumulación privada. Reformas que, como insistiera Beatriz Sánchez, son elementos intransables del programa del Frente Amplio en materia de educación, salud, pensiones y vivienda.

 

El Frente Amplio obtiene un gran resultado al elegir un buen número de diputados. Pero la futura coherencia de su bancada no es algo ya dado, sino una necesaria unidad por construir. Ese es otro gran problema al pensar en una política que incida en la descomposición del pacto de la transición. Empujar reformas antisubsidiarias solamente será posible con unidad y responsabilidad política, la cual puede sellar el paso de una alianza electoral a una alianza política. El triunfo en las elecciones no implica la emergencia política del Frente Amplio.

 

Vislumbrar la emergencia política del Frente Amplio en su nueva posición electoral y no en el más complicado asunto de dar materialidad política a las demandas antineoliberales, no sólo puede llevar a la dilapidación de la confianza de quienes han votado por este proyecto; en el peor de los casos, ese error podría derivar apenas -y tristemente- en una renovación de las élites, en desmedro de un cambio sustantivo en las condiciones de vida de los chilenos.

 

La última década testimonia, en buena medida, un periodo de frustraciones para las luchas sociales que han intentado impulsar la reversión del Estado subsidiario y de la política del pacto de la transición. Estos mismos procesos, como contraparte, produjeron una serie de aprendizajes que han hecho madurar a franjas de luchadores sociales y proyectos políticos. Por eso hoy, cuando parece asomarse aceleradamente un nuevo ciclo político, esta vigésima edición de Cuadernos de Coyuntura quiere ofrecer un balance que permita una apropiación crítica del camino recorrido. Una para avanzar mirando hacia el futuro.

 

Sebastián Caviedes, Director Cuadernos de Coyuntura
Santiago, diciembre de 2017

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