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El “mito previsional chileno”: tres cuestiones a considerar ante la posible reforma previsional en Brasil

El “mito previsional chileno”: tres cuestiones a considerar ante la posible reforma previsional en Brasil

Nota publicada originalmente en la revista del Sindicato Nacional de Trabajadores de Ciencia y Tecnología de Brasil http://www.sindct.org.br/jornaldosindct/

Felipe Ruiz Bruzzone. Investigador de la Fundación Nodo XXI. Magíster en Ciencias Sociales y Sociólogo de la Universidad de Chile. [email protected]

La ofensiva conservadora y neoliberal en América Latina demanda una lectura con perspectiva regional sobre las orientaciones de los proyectos en pugna. Así, resulta difícil no considerar la experiencia chilena al proyectar los efectos de la reforma previsional propuesta por Jair Bolsonaro en Brasil.

En primer lugar porque es indiscutible la conexión de sus principales cuadros económicos con la intelectualidad neoliberal chilena: Paulo Guedes se formó con los Chicago Boys, característicos de la orientación que asumió Chile post 1980. No es de extrañar que los principales lineamientos de su propuesta de reforma previsional sigan las directrices de la experiencia chilena: con la des-constitucionalización de la legislación previsional actual se busca introducir un “régimen transitorio” que individualiza los aportes y la asignación de pensiones, mientras se plantea la creación de un régimen de capitalización para quienes se integren al mercado laboral en el futuro. Esto abre el camino a un sistema previsional que optará por la financiarización como forma de administrar los fondos previsionales, configurando un escenario ideológico que las fuerzas de izquierda y progresistas deben salir a combatir.

El segundo aspecto que hay que despejar en esta ecuación es el efecto “real” de la privatización del sistema de pensiones en Chile. Si bien se ha pontificado el carácter “exitoso” de la experiencia chilena (señalándola como “modelo” a seguir), la realidad es bastante lejana a ello, por tres razones.

  1. La responsabilidad social del pago de pensiones en Chile no las asume el sistema privatizado: durante 2018 el sistema público financiado vía impuestos pagó cerca de dos tercios (63%) de las pensiones civiles. Y si se observan las pensiones totales (considerando pensiones civiles más las de FFAA y de Orden) se evidencia que el sistema público pagó casi el 80% de las pensiones totales. En suma, el “bastón privado” del sistema es bastante débil: aporta sólo un quinto del gasto social total en pensiones.

  2. La composición del flujo de caja de las AFP (Administradoras de Fondos Previsionales) indica que el dinero pagado en forma de pensiones por estas entidades representa sólo un tercio (32%) de la totalidad de recursos que los trabajadores/as en Chile aportan mensualmente mediante descuento salarial: vía capitalización una parte mayoritaria de tales recursos (68%) no se destina al pago de pensiones sino al apalancamiento de inversiones tanto del empresariado nacional como de las finanzas internacionales.

  3. La tercera razón refiere a los bajos montos de las pensiones entregadas. Según cifras del mes de julio de 2018 la mitad de las pensiones pagadas en régimen regular (por vejez) no alcanzan a ser ni la mitad (43%) de un salario mínimo legal, incluso considerando aportes estatales: es decir, la mitad de las personas jubiladas en Chile reciben menos de 191 USD mensuales como pensión.

Como tercer y último aspecto es importante proyectar, a partir de la experiencia chilena, algunos de los efectos que esta reforma podría producir en la sociedad brasilera. De consolidarse lo proyectado por el ejecutivo (avance gradual a un sistema de capitalización individual) se producirá un considerable déficit en el fondo previsional al pasar a depender de los aportes individuales, considerando el bajo nivel de salarios y alta informalidad del mercado laboral brasilero: ello conllevará a una disminución de los niveles de pensiones en el futuro. Lo anterior se usará como argumento justificador de la privatización de empresas y servicios públicos para financiar tal déficit y sostener la viabilidad financiera de la reforma, fundamentando de forma tecnocrática otro eje del proyecto de profundización neoliberal de Bolsonaro.

Por otra parte, la rápida creación de un fondo financiero disponible para el sector privado robustecerá a las fracciones más internacionalizadas y financiarizadas del capital monopólico local. Así, detrás de las expresiones más virulentas del conservadurismo es necesario advertir el proyecto de ampliación del poder de las clases dominantes y el derrumbe de las alianzas que sostuvieron el ciclo político anterior. No es la primera vez que se intenta privatizar y administrar vía capitalización el sistema previsional en Brasil: desde el Plan Real (1994) en adelante esto fue resistido por diferentes fuerzas sociales y políticas… ¿logrará ser detenido el intento en las actuales condiciones históricas?

Las fuerzas de izquierda y progresistas deben actuar con la claridad de que esta reforma impactará negativamente en la calidad de vida de las clases trabajadoras, minando los avances logrados en el ciclo petista: será fundamental la capacidad de injerencia política y movilización social que desplieguen las fuerzas de izquierda de la oposición brasilera, hoy agrupadas en la coalición Unidad Popular (PSB, PT, PSOL y RS). Parece ser el único modo para que el “modelo chileno” no resulte fatalmente exportado a la realidad brasilera.

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