La batalla por el sentido común: Claves intelectuales y sociológicas de la irrupción nacional-libertaria en Chile

La irrupción de las nuevas derechas radicales constituye uno de los procesos políticos más determinantes de los últimos años tanto a nivel global como en Chile. Durante décadas, el pensamiento de derecha en el país estuvo hegemonizado por la matriz tradicional gremialista de Renovación Nacional y la UDI. Sin embargo, la emergencia del pensamiento libertario marca una ruptura profunda con dicho esquema, constituyendo un fenómeno que, lejos de reducirse a la ignorancia o la marginalidad, posee una amplia elaboración teórica y estratégica que debe ser analizada rigurosamente.

En el marco del proyecto “Pensamiento estratégico en tiempos de crisis”, desarrollado conjuntamente por la Fundación Nodo XXI y la Fundación Rosa Luxemburgo, en el programa Turno en Vivo dedicamos un panel a desentrañar la matriz teórica, las contradicciones y el arraigo social de este movimiento. El espacio contó con las intervenciones de Camila Miranda (abogada y directora de Nodo XXI), Víctor Orellana (sociólogo e investigador) y Davor Mimica (ingeniero civil y podcaster), con el objetivo de comprender la racionalidad del adversario ideológico sin caer en caricaturas.

1. El origen doctrinario: del cálculo económico en el socialismo a la «guerra cultural»

Para comprender la estructura intelectual del libertarismo contemporáneo es indispensable remontarse a sus raíces en la Escuela Austríaca de economía y al histórico debate sobre la “imposibilidad del cálculo económico en el socialismo”, formulado por Ludwig von Mises tras la Revolución Rusa. Mises planteó que, en un sistema sin propiedad privada sobre los bienes de capital, no existe un mercado ni un indicador de ganancia real que permita comparar alternativas de producción de forma racional, lo que condena a cualquier planificación centralizada, incluso la socialdemócrata, al colapso inevitable.

Esta matriz, que concibe la economía no como una ciencia estadística de números abstractos sino como praxeología, una teoría de la acción humana libre de interferencias estatales, sobrevivió durante décadas al auge del keynesianismo y al New Deal refugiada en redes internacionales como la Sociedad Mont Pèlerin.

En el contexto chileno, si bien la dictadura civil-militar optó en la práctica por el modelo tecnocrático neoclasico de los Chicago Boys, existieron brotes tempranos de un libertarismo antiestatal encarnado en figuras como Álvaro Bardón. Bardón incomodaba a la propia junta militar al proponer la privatización de empresas estratégicas como Codelco y el Banco del Estado, así como la liberalización completa de todas las drogas, asumiendo el autoritarismo militar únicamente como un «mal menor» ante la coyuntura de la época.

La literatura académica y el debate de la pauta coinciden en situar la inflexión hacia la «segunda ola» austro-libertaria chilena entre 2010 y 2012, tras el agotamiento del relato «chicago-gremialista» experto y tecnocrático de la transición. El hito fundacional de esta fase fue la creación de la Fundación para el Progreso (FPP) en 2012, financiada por grandes capitales privados locales (como Nicolás Ibáñez) y con Axel Kaiser como su principal divulgador masivo, articulada estrechamente con redes trasnacionales como la estadounidense Red Atlas.

En esta etapa, el propósito estratégico no era competir de inmediato en la política electoral, sino formar «luchadores culturales» para mover la «ventana de Overton». Al instalar voces extremas con afirmaciones como «todo impuesto es un robo», el movimiento lograba desplazar el centro de gravedad del debate público para que las demandas reales de los grupos empresariales (como reducir moderadamente la carga tributaria) fueran percibidas por la sociedad como propuestas razonables y moderadas.

2. La hibridación autoritaria y el «nacional-libertarismo a la chilena»

La evolución del movimiento dio un giro definitivo al transitar desde el libertarismo académico y elitista de Axel Kaiser hacia el nacional-libertarismo de masas encarnado por Johannes Kaiser y cristalizado en la creación del Partido Nacional Libertario (PNL) en 2024, el cual logró un 13,9% de los votos presidenciales en 2025 y representación en ambas cámaras del Congreso.

Esta corriente presenta una hibridación doctrinaria o «fusionismo» entre la praxeología económica austríaca y un marcado autoritarismo punitivo, soberanista, nativista y conservador. Al respecto, Camila Miranda caracterizó esta síntesis propia del contexto local:

«Es un libertarismo ‘a la chilena’ porque combinan cosas que no son combinables en otras partes del mundo: en materia económica siguen la Escuela Austríaca, en materia de la lógica del autoritarismo lo acentúan […] y por tanto entra en una tensión sobre si creen o no en el Estado […] teniendo además componentes bien regionales como el aspecto eclesial o religioso en su definición.»

Esta aparente contradicción entre la proclama de libertad absoluta de mercado y la exigencia de un Estado policial represivo se resuelve, según explicó Davor Mimica, a través de la narrativa de la membresía:

«La libertad se predica de los honestos, los que trabajan, los que se esfuerzan; y el orden se aplica a los otros: los delincuentes, los inmigrantes ilegales, los vándalos del estallido, los que viven del Estado. La historia profunda que se cuentan a sí mismos dice que el Estado actual oprime al honesto y protege al criminal, y ellos lo que quieren es un Estado que haga exactamente lo inverso. El Partido Nacional Libertario no promete menos autoridad, sino que promete redistribuirla: quitarle atribuciones al Servicio de Impuestos Internos para dárselas a Carabineros.»

3. Militancia digital y el partido nacido de una audiencia

A diferencia de los partidos tradicionales estructurados en torno a cuadros militantes o trabajo territorial clásico, el PNL representa un fenómeno morfológico inédito: un partido nacido directamente de una audiencia de YouTube. El propio nombre de la colectividad proviene del canal «El Nacional-Libertario», conducido originalmente por Johannes Kaiser desde Europa.

Esta dinámica algorítmica les permite construir una militancia plataformizada, altamente activada y con vías de financiamiento independientes de la política tradicional. Sobre este punto, Camila Miranda destacó la novedad organizativa que esto implica para el escenario político:

El nacional-libertarismo cuenta con la capacidad de movilizar personas desde su casa, construyendo una suerte de militancia digital que se activa y se forma en espacios digitales. Mientras la izquierda se pregunta cómo se reconecta y hace trabajo militante territorial, ellos tomaron la definición de construir otro tipo de militancia, y eso es sumamente interesante para la lógica de los partidos actuales.»

4. Inserción social y el anclaje en el «Chile del Mall»

El éxito electoral y social del nacional-libertarismo en sectores populares se comprende al examinar las transformaciones sociológicas del país. Víctor Orellana planteó la existencia de «dos Chiles» que coexisten en el territorio nacional: por un lado, el Chile estatal y popular del siglo XX vinculado a la organización política y sindical tradicional; por otro, el nuevo Chile neoliberal configurado en las últimas tres décadas, donde las familias se integraron a la vida urbana teniendo al shopping mall como su primera experiencia de espacio público.

En este segundo Chile, caracterizado por la intemperie y el trabajo atomizado en plataformas (como repartidores o conductores de aplicaciones), los trabajadores no se identifican con las categorías clásicas de la izquierda, sino que se autoperciben como «microempresarios de su propia vida». El discurso libertario convierte el rechazo al Estado en una reivindicación del esfuerzo individual, lo que se evidenció tácticamente en consignas como «con mi plata no» durante las discusiones de los retiros previsionales.

Orellana ilustró la desconexión cultural que sufren las fuerzas progresistas frente a esta realidad con un testimonio decidor:

«Un minero va y le dice a un ministro: ‘Oye, yo nunca voy a estar con ustedes en la izquierda o el Frente Amplio, porque mi gran sueño es comprarme una camioneta y ustedes me van a tratar mal si yo me quiero comprar una camioneta’. El pensamiento libertario penetra porque ofrece un ‘apapacho’ de comunidad y de sentido de representación frente a una vida cotidiana dura y solitaria.»

De este modo, frente a las contradicciones de un neoliberalismo de rostro progresista o «tercera vía», el relato libertario no propone alternativas colectivas, sino doblar la apuesta del propio modelo individualista.

Conclusiones: El desafío estratégico para las fuerzas transformadoras

El análisis desarrollado en el programa evidencia que el nacional-libertarismo no es una anécdota pasajera, sino una fuerza que disputa la subjetividad popular mediante la construcción de comunidad, visiones de sociedad a largo plazo y la politización del malestar cotidiano.

Como sintetizó Camila Miranda en su intervención de cierre, el reto para las fuerzas democráticas exige superar la mera competencia electoral de corto plazo:Conclusiones

«Esto es un llamado de atención para la izquierda y los proyectos democráticos: no basta con disputar la coyuntura de partido contra partido; aquí hay toda una visión de sociedad que se instala, que construye comunidad y que está teniendo resultados. El desafío urgente es saber cómo construir comunidad y producir visiones de sociedad que den sentido a la vida cotidiana.»