La detención del consultor político argentino Fernando Cerimedo en Bolivia, a mediados de agosto de 2026, acusado de presunto femicidio frustrado contra su expareja Nadia Beller, abrió una caja de Pandora a nivel regional. Durante los allanamientos a sus propiedades en La Paz, la fiscalía boliviana incautó miles de dólares en efectivo y una «mini granja de bots». Lo que podría presentarse como un caso policial de violencia intrafamiliar es, en realidad, la punta del iceberg de una infraestructura transnacional de manipulación digital que ha intervenido de forma sistemática en los procesos electorales y constitucionales de Argentina, Brasil, Bolivia y Chile.
En el marco del proyecto Pensamiento estratégico en tiempos de crisis, desarrollado por la Fundación Nodo XXI junto a la Fundación Rosa Luxemburg, el programa de televisión web Turno analizó las profundas implicancias democráticas de este caso. Con la conducción de los investigadores de Nodo XXI, Camila Miranda (abogada y directora) y Víctor Orellana (sociólogo y exsecretario de Educación Superior), junto al asesor comunicacional y cazador de desinformación digital David Catalán («el Cata»), desmenuzamos la anatomía de las granjas de bots y propusimos una mirada estratégica para enfrentar la desinformación: un desafío que trasciende lo puramente tecnológico y se instala como un conflicto político y cultural de primer orden.
I. Propaganda Computacional y la «Ilusión de Mayoría»
Para comprender el alcance del caso Cerimedo, es imperativo precisar los términos de la manipulación digital moderna. Lo que hoy enfrentamos es una sofisticada forma de propaganda computacional: la combinación deliberada de algoritmos, automatización y curaduría humana para distribuir información engañosa a gran escala en redes sociales.
Como explica «el Cata», este manual de comunicación política tiene un origen claro en Steve Bannon, el empresario de medios estadounidense y exasesor de Donald Trump. Bannon opera como una suerte de «Joseph Goebbels moderno que crea un manual de comunicación en el que básicamente nos llama a excluir al diferente». Su metodología se basa en una «política directa del insulto, la política del epíteto, la política del sobrenombre», diseñada para desgastar y descalificar a cualquier figura del progresismo o incluso a aliados incómodos dentro de su propio sector.
Las granjas de bots son el brazo armado digital de esta estrategia. No constituyen expresiones de opinión orgánica, sino estructuras coordinadas para administrar masivamente cuentas artificiales que simulan ser personas y conversaciones reales en la red. El análisis técnico de estos ecosistemas de desinformación permite identificar señales claras de comportamiento inauténtico:
- Sincronización temporal: Cuentas creadas de manera masiva en un mismo período muy corto de tiempo.
- Repetición exacta: Multitud de cuentas compartiendo o comentando exactamente el mismo contenido o consignas en ventanas de escasos minutos.
- Viralización jerárquica: Una o dos cuentas concentran la distribución del mensaje original (actuando como nodos de autoridad), mientras que el resto de la red artificial se limita a replicar y amplificar. Esto contrasta radicalmente con una tendencia orgánica, cuyo crecimiento es distribuido y repartido entre voces diversas.
Esta maquinaria inauténtica produce el fenómeno de la «ilusión de mayoría» (majority illusion): la percepción distorsionada de que una postura extrema, violenta o desinformante cuenta con un respaldo social masivo y espontáneo, cuando en realidad es producto de un diseño algorítmico. En Chile, este patrón fue documentado por el proyecto DEEP de la PUCV, dirigido por Pedro Santander. La investigación detectó que, tras el primer plebiscito constitucional, sectores de la derecha chilena comenzaron a anonimizar sus cuentas más influyentes para que operaran como «autoridades de red» estructurales de manera encubierta, valiéndose de «tropas digitales» organizadas y financiadas para instalar tendencias artificiales.
II. Una Genealogía del Miedo: Del Panfleto al Microtargeting Algorítmico
Una de las premisas analíticas fundamentales de Nodo XXI es que la desinformación y las campañas del terror no son fenómenos nuevos; forman parte constitutiva de la historia política de la derecha chilena. Como advierte Camila Miranda, «la producción de información y las intenciones detrás es algo antiguo, antiquísimo… Lo particular hoy día es cómo convergen estas disposiciones de instalar ciertas ideas en la población y amplificarlas con tecnologías» que nos mantienen permanentemente conectados a través del teléfono.
La desinformación digital actual es la heredera directa de hitos históricos de guerra psicológica en nuestro país:
- La Campaña del Terror de 1964: Una operación político-comunicacional que articuló ansiedades locales y financiamiento externo (incluyendo a la CIA y la derecha nacional) para sembrar el pánico en torno a una eventual victoria de Salvador Allende. A través de afiches y prensa escrita, se difundió de forma masiva que la izquierda destruiría la familia, quitaría la patria potestad a los padres y confiscaría los hogares de los trabajadores.
- El «Plan Z» (1973): Calificado históricamente como la primera gran fake news sistemática de la dictadura civil-militar. Fue una invención propagandística fabricada por la Inteligencia Naval con apoyo de civiles e historiadores oficialistas en el «Libro Blanco», y amplificada por medios como El Mercurio. Su objetivo fue instalar la mentira de un plan de la Unidad Popular para asesinar a militares y opositores, justificando retrospectivamente la represión estatal y el quiebre democrático.
- La operación «Chilezuela» (2017-2019): Víctor Orellana rastrea este fenómeno reciente como un caso paradigmático de manipulación de la opinión pública. Explica cómo el gobierno de Sebastián Piñera estimuló e invitó activamente a la migración venezolana por razones geopolíticas. Sin embargo, «una vez que se estimula la migración, se construye un discurso contra los migrantes y luego se culpa a la izquierda de eso. Esa operación es realmente impresionante… e instala la idea del anticomunismo, de que hay un ‘otro malévolo’ al cual debemos extirpar y aniquilar. Esa idea es tremendamente lesiva para la democracia».
La gran transformación histórica reside en el paso del panfleto físico a la segmentación algorítmica o microtargeting. Herramientas de fiscalización pública como la Biblioteca de Anuncios de Meta (Ad Library) revelan el carácter teledirigido de la propaganda digital contemporánea. Como ilustra «el Cata», la tecnología permite crear anuncios hiperespecíficos basados en los perfiles de los usuarios: «Si eres una mujer que tiene hijos en colegio, te mando el mensaje teledirigido de la ‘tómbola’ de las fake news. Si eres taxista de 54 años, te mando exclusivamente el fake news con respecto a la ley Uber. Eso es el microtargeting».
III. El Caso Chileno: Financiamiento Desproporcionado y Nexos en La Moneda
Las investigaciones sobre Fernando Cerimedo demuestran que Chile no fue un mero observador de este mercado de la manipulación, sino un cliente activo. A través de su agencia Numen, Cerimedo trabajó de manera directa en las campañas constitucionales chilenas de 2020 a 2022, colaborando estrechamente con el comando Independiente por el Rechazo y realizando encuestas en redes sociales orientadas a moldear el clima de opinión pública.
Los nexos de Cerimedo con la derecha chilena apuntan directamente al entorno del actual oficialismo liderado por el Presidente José Antonio Kast. De acuerdo con antecedentes de prensa documentados:
- Cerimedo trabajó estrechamente en 2020 en Casa Común, la corporación empresarial que agrupó a los promotores del Rechazo.
- En ese espacio coincidió y colaboró profesionalmente con figuras clave que hoy habitan en La Moneda, como Felipe «Yeti» Costabal (actual jefe de la Secretaría de Comunicaciones, Secom) y Alejandro Irarrázaval (actual jefe de asesores del segundo piso del gobierno de Kast).
- A raíz de estas revelaciones, diputados de oposición han impulsado una comisión investigadora en la Cámara para indagar el uso de estas maquinarias de bots y han oficiado al Servel para verificar si la empresa Numen recibió pagos por campañas digitales no declaradas formalmente.
La asimetría en el gasto digital es el reflejo económico de este fenómeno. En la última campaña presidencial, el perfil individual de José Antonio Kast gastó 500 millones de pesos únicamente en pauta de publicidad digital en plataformas de Meta, una cifra exorbitante en comparación con los escasos 100 millones de pesos declarados por su adversaria. «El Cata» plantea una interrogante ineludible sobre el origen de estos recursos y la responsabilidad política: «¿De dónde saca José Antonio Kast 500 millones de pesos para hacer una campaña solo de pauta digital?… Justo él, de todos los presidentes que hoy día están siendo cuestionados por estas prácticas que participan en su organización de la cual fue presidente entre 2022 y 2024, es el único que no sabe de qué se trata esto. Me parece extraño».
Este uso sistemático de cuentas inauténticas y campañas de difamación no ha respetado siquiera las fronteras de la propia derecha. El caso más elocuente es la denuncia de Evelyn Matthei, quien acusó públicamente a Kast de estar al tanto de una campaña coordinada de bots que difundió el rumor falso de que ella padecía Alzheimer. Víctor Orellana recalca la gravedad institucional de este hecho: «Evelyn Matthei está sosteniendo que Kast estaba al tanto de la operación… esto me parece de la máxima gravedad. Si tú tienes una granja de bots, soldaditos virtuales, para decir que una persona tiene Alzheimer que es de tu sector, yo creo que eso tiene un componente claramente violento, y no podemos permitir la violencia en política».
IV. Hacia una Agenda de Defensa Democrática: Regulación e Interacción Humana
Frente a la consolidación de estas industrias de la mentira y la polarización, desde Nodo XXI sostenemos que la respuesta debe ser tanto institucional como social y pedagógica.
1. Regulación Institucional y Fiscalización de Plataformas
Es imperativo reformular el marco regulatorio sobre el ecosistema digital. Las 72 recomendaciones entregadas por la Comisión contra la Desinformación marcan una hoja de ruta técnica indispensable para el país:
- Fiscalización proactiva del Servel: Facultar al Servicio Electoral para auditar proactivamente campañas de desinformación electoral no declaradas y transparentar todas las tarifas publicitarias en redes sociales.
- Sanción del comportamiento inauténtico coordinado: Exigir legalmente a las grandes corporaciones tecnológicas (Meta, X, TikTok) la identificación y desactivación de redes de bots y trolls articulados, superando el enfoque inútil de censurar contenidos individuales.
- Cooperación transfronteriza: Establecer alianzas activas entre los organismos electorales de América Latina, dado que operadores como Cerimedo trasladan sus estructuras operativas de un país a otro para evadir la fiscalización local.
2. Educación Popular Digital y Sentido Crítico
El combate contra la desinformación no se resuelve únicamente en los tribunales o los parlamentos; requiere un proceso de democratización cultural y alfabetización mediática. Como sostiene Víctor Orellana, «no hay atajos… La mentira existe y va a seguir existiendo. Se trata simplemente de volver más culta y más crítica la propia cultura popular, y eso es una tarea de educación popular que hoy día tiene que darse en el mundo digital».
Proponemos avanzar en:
- La creación de un kit formativo contra redes de bots elaborado por las fuerzas democráticas y progresistas como herramienta de autoeducación popular.
- La implementación en el sistema escolar público de contenidos de alfabetización informacional y pensamiento crítico digital, una materia largamente debatida en el Congreso Pedagógico Curricular.
3. Recuperar la Conversación Cotidiana y el Encuentro Comunitario
Finalmente, la resistencia más profunda a la desinformación radica en reconstruir el tejido social y la interacción humana directa. En una época caracterizada por la «exclusión del diferente» y el barro digital, Víctor Orellana propone volver a mirar la sobremesa familiar y comunitaria: «La interacción cara a cara va a seguir siendo fundamental… Cuando uno tiene una conversación familiar y la persona de la familia tiene una opinión contaminada por un bot, hay que darse el espacio para conversar y convencer, entendiendo por qué la gente piensa lo que cree».
El desafío estratégico del progresismo y de la izquierda no es replicar las tecnologías del odio ni disputar el debate bajo las mismas reglas degradadas, sino construir espacios colectivos donde la política vuelva a ser sinónimo de integración, comunidad y transformación social. Frente a una derecha que gasta cientos de millones de pesos en soldaditos de mentira para sembrar el miedo, nuestra respuesta histórica debe ser la verdad pedagógica, el trabajo territorial y la organización popular.Es posible que Gemini Notebook muestre información imprecisa. Verifica las respuestas.