El estrecho triunfo de la ultraderecha en las recientes elecciones presidenciales de Colombia marca un hito crítico y reconfigura el mapa político suramericano. En este capítulo de Tiempos Revueltos analizamos el escenario electoral, articulando el estrecho resultado en las urnas con los debates estructurales sobre el modelo de desarrollo, la urgencia de disputar la agenda de seguridad desde el progresismo y los persistentes dilemas de la integración regional.
El panel contó con la participación de la directora de Nodo XXI, Camila Miranda; el investigador de Nodo XXI y ex-subsecretario de Educación Superior, Víctor Orellana; y el académico de la Universidad de Chile, Gilberto Aranda, sumando además la intervención directa desde Bogotá de Donca Atazanova, concejala de la capital por el Pacto Histórico.
1. De Macondo a la política real: Imaginarios culturales y desigualdad estructural
Históricamente, la relación entre Chile y Colombia ha estado mediada por destellos de la cultura popular, la música y la literatura más que por una integración político-institucional efectiva. Fenómenos televisivos globales como Yo soy Betty, la fea han funcionado como parábolas de la promesa meritocrática y la aspiración de movilidad social en contextos de profunda fractura social.
Al respecto, Camila Miranda destacó que esta producción dramática expone
«un contexto supermeritocrático: la trabajadora incansable que acepta abusos, que es fea y luego triunfa entre circunstancias adversas, lo que conecta con la desigualdad en Colombia y las promesas de ‘estudia y trabaja bien y te irá bien'».
Detrás de la ficción, Colombia registra un índice Gini de 0,54, uno de los más altos del planeta, y niveles de pobreza que afectan a cerca del 36% de la población. A este diagnóstico se suma la categoría del «realismo mágico» popularizada por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, donde lo trágico, la violencia política y lo surrealista convergen en la vida cotidiana.
Víctor Orellana caracterizó al país como
«una cantera de vida», donde la síntesis entre la cultura caribeña, la selva y el mundo andino configura una identidad nacional atravesada por conflictos históricos no resueltos. Desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948 (El Bogotazo) hasta el genocidio político de la Unión Patriótica en los años 80 y 90, la violencia ha operado como un factor estructurante del Estado.
2. El Pacto Histórico e Iván Cepeda: Continuidad, proyecto y diferencias de liderazg
El triunfo de Gustavo Petro en 2022 significó la llegada del primer gobierno de izquierda a la presidencia en más de 200 años de historia republicana. Este proceso no obedeció a un fenómeno coyuntural, sino a la acumulación de ciclos de movilización social que abarcan las protestas estudiantiles de 2011, las huelgas agrarias y el Paro Nacional de 2021 contra las reformas tributarias del gobierno de Iván Duque. Desde el terreno, la concejala Donca Atazanova subrayó que el estallido de 2021 «sumó una gran capacidad de movilización social que desbordó los antecedentes (…) y devolvió a la gente la esperanza de que los espacios de gobierno eran un lugar importante de disputar».
De cara a los comicios, el Pacto Histórico busca la continuidad del proyecto progresista a través de la candidatura del senador Iván Cepeda. Cepeda, filósofo de formación e hijo del asesinado senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda, proyecta un perfil político nítidamente diferenciado respecto a Petro. Sobre estas trayectorias, Camila Miranda explicó que Petro e Iván Cepeda «son personajes muy distintos: Petro es la expresión de una persona de colores y sabores distintos, convocando a una Colombia popular no convocada antes, mientras que Cepeda se forma principalmente fuera de Colombia tras el asesinato de su padre y tiene una trayectoria de perfil analítico y reflexivo».
Pese a los avances en la redistribución de ingresos, la reforma agraria y el empleo, la gestión saliente enfrenta tensiones macroeconómicas y complejidades en la ejecución de la política de «Paz Total». Gilberto Aranda advirtió que las dificultades en las negociaciones con grupos armados como el ELN y la ralentización del crecimiento económico han abierto flancos significativos que la oposición busca capitalizar.
3. El avance de la derecha radical y la centralidad de la agenda de seguridad
En el espectro opositor destaca la irrupción de Abelardo de la Espriella, abogado penalista que aglutina a sectores conservadores mediante una plataforma de mano dura con retórica afín a figuras como Nayib Bukele, Donald Trump o Javier Milei. Víctor Orellana analizó que este tipo de liderazgos
«representan un rechazo a la necesidad de construir pactos y acuerdos sociales, apelando a la confrontación directa, lo que genera en la sociedad colombiana el temor a una reactivación del conflicto armado».
Frente a este escenario, la mesa de debate coincidió en que los sectores democráticos y de avanzada deben abordar la agenda de seguridad con centralidad y pragmatismo, integrando la protección ciudadana con garantías de derechos y cohesión social. Gilberto Aranda fue enfático en señalar que «es crucial que las izquierdas se hagan cargo del tema de seguridad, porque le importa a la gente; hay que adelantarse y tener planes concretos».
4. América Latina ante el espejo: El estancamiento de la integración regional
El análisis del caso colombiano se engarza con un diagnóstico crítico sobre el continente: América Latina atraviesa uno de sus momentos de menor integración político-institucional relativa. Mientras el comercio intrarregional en la Unión Europea oscila entre el 60% y el 70%, y en la ASEAN entre el 25% y el 35%, en América Latina dicha cifra permanece estancada entre un 15% y un 19%.
Este déficit responde a cuatro dilemas estructurales:
- La sacralización de la soberanía nacional, que limita la creación de organismos supranacionales con atribuciones vinculantes.
- La ideologización del mapa regional, donde los bloques se crean y desmantelan en función del ciclo electoral de turno (ALBA, UNASUR, PROSUR, CELAC).
- La falta de complementariedad productiva, al competir los países primario-exportadores por los mismos mercados extrarregionales (China y Estados Unidos).
- La brecha estructural en infraestructura física y conectividad territorial.
En sus reflexiones finales, Camila Miranda planteó la urgencia de construir una estrategia continental coordinada:
«Tenemos el desafío en la región de pensar si efectivamente podemos tener un polo latinoamericanista articulado, en lugar de que cada país se rasque con sus propias uñas frente a las potencias globales»
En la misma línea, Víctor Orellana concluyó que
«nuestro continente no va a poder llegar al desarrollo cada país por sí solo; vamos a tener que encontrarnos por el tamaño de nuestros mercados y la estructura de nuestras sociedades. Es relevante que los sectores democráticos de avanzada no retrocedan ante una ultraderecha que no tiene proyectos reales de futuro».
Nota desarrollada en colaboración con el proyecto «Pensamiento estratégico en tiempos de crisis» de la Fundación Rosa Luxemburgo y la Fundación Nodo XXI .
