Junto a Camila Miranda, Víctor Orellana (Fundación Nodo XXI) y Rafael Pardo (conductor de Efecto China), el panel analiza la penetración del gigante asiático en la vida cotidiana en Chile. Se examina el fenómeno de los malls chinos, con foco en la transformación del ex-Falabella de Lyon en el Lida Center, y la adopción de marcas tecnológicas y automotrices como Xiaomi u Omoda. Asimismo, se discute la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump, el concepto geopolítico de la «trampa de Tucídides» y las tensiones de soberanía, infraestructura crítica y regulación laboral. (Espacio desarrollado en el marco del proyecto realizado con la Fundación Rosa Luxemburgo y Fundación Nodo XXI).
Del Consumo Post-Aspiracional a la Disputa por la Soberanía: El auto del vecino es de marca china. El autobús eléctrico que nos traslada al trabajo por la mañana también. Compramos herramientas y ropa a través de Temu o Shein, operando bajo una lógica de precios directos de fábrica desde Zhejiang. La presencia de la República Popular China en Chile ya no es un asunto exclusivo de diplomacia o grandes cancillerías; se ha instalado de manera definitiva en el estacionamiento, en la micro, en el teléfono y en el clóset de los sectores populares y de las clases medias chilenas.
1. El Derrumbe de la Fantasía Aspiracional: Del Retail de los Noventa al «Mall Chino»
Durante la década de los noventa, el retail tradicional chileno (liderado por transnacionales locales como Falabella, Ripley o París) cumplió una función cultural ordenadora. No vendía simplemente mercancías; vendía un estilo de vida occidentalizado y de clase media alta, importado de catálogos norteamericanos y europeos. Para acceder a esa pertenencia simbólica, las familias chilenas se endeudaban a través de tarjetas de crédito comerciales (como CMR o Presto). Las marcas propias chilenas (como los televisores Recco) funcionaban como una operación de «blanqueamiento cultural», disfrazando el origen asiático bajo una estética occidental aceptable.
La masificación de los «malls chinos», que ya suman entre 250 y más de 1.100 establecimientos en el país, incluyendo comunas populares y zonas rurales,rompe drásticamente con esta lógica. El hito del Lida Center en Providencia, instalado con 11.000 m² en el edificio del ex-Falabella de Avenida Lyon, simboliza el desplazamiento definitivo de esa mediación cultural.
En palabras de Víctor Orellana durante el programa:
«El mall chino entendió una cosa clave y hoy día está compitiendo con los mall grandes… ¿Qué hacían los malls tradicionales? Adivina de dónde vienen todos los productos de ellos: de China. El mall chino te trae muchas veces los mismos productos más barato de una manera mucho más accesible».
Sociológicamente, esta transición marca el nacimiento de un consumidor post-aspiracional. La generación actual es hija del trauma del sobreendeudamiento, de las crisis de asimetría financiera (como el caso La Polar en 2011) y de salarios reales estancados. Hoy, el consumo popular ya no busca pertenecer a una modernidad lejana mediante el endeudamiento de usura; busca una racionalidad defensiva y práctica.
Como bien complementó Camila Miranda en el panel:
«Falabella te ofrecía una visión de lo que uno quería hacer… de cómo te querías vestir, cómo tenías que ser… El mall chino no te vende esa aspiración… tiene todos los colores, todas las opciones que quiere usar. Usted decida cuál tiene y es accesible».
El mall chino, por tanto, despoja a la élite tradicional de su monopolio sobre la mediación del consumo. Se compra una taza, un destornillador o una arrocera por su valor funcional, desprovisto de referencias geoculturales prescriptivas.
2. Desoccidentalización Popular vs. El Enclaustramiento de la Élit
Este cambio material arrastra una transformación cultural de carácter policéntrico. Mientras que en el siglo XX el imaginario social chileno se estructuraba bajo la pregunta de «cómo parecernos a Europa o Estados Unidos», el siglo XXI transita hacia la navegación de un mundo sin un único centro de referencia. La juventud consume K-dramas coreanos, música urbana del Caribe, videojuegos desarrollados en Shenzhen (vía Tencent) y ropa comprada directamente en Shein.
Aquí emerge una brecha de clase e incomprensión mutua. Mientras las clases populares y medias chilenas experimentan una globalización policéntrica en su vida diaria, las élites políticas y empresariales del país permanecen culturalmente atrincheradas en sus referencias del Atlántico Norte (estudios en EE.UU., lectura de The Economist, vacaciones en Miami). Esta desconexión, que ya mostró su peor cara en la crisis social de 2019, se evidencia en el uso cotidiano de marcas como Xiaomi u Omoda [97, 126]. Lo que antes era visto bajo el prejuicio de «lo chino como marca barata o mala», hoy es defendido de forma pragmática por los usuarios como una «compra inteligente» que compite de tú a tú en tecnología y seguridad con los tradicionales gigantes occidentales.
3. Geopolítica en Tiempo Real: La Trampa de Tucídides en el Atacama y el Pacífico
El análisis de consumo debe necesariamente conectarse con la escala global. Mientras el panel grababa, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aterrizaba en Beijing para reunirse con Xi Jinping en una histórica cumbre marcada por la disputa tecnológica y arancelaria. Ambas potencias se encuentran atrapadas en lo que la teoría de las relaciones internacionales denomina la «Trampa de Tucídides»: la tensión estructural que se produce cuando una potencia emergente desafía la hegemonía de la potencia dominante.
En esta batalla por los semiconductores (los chips como el «petróleo del siglo XXI») y el control de las tierras raras y los minerales críticos, América Latina no es un espectador lejano: es el territorio en disputa.
- El Litio y el Cobre: Chile posee el 25% de las reservas mundiales de litio y es el segundo productor global [31]. En la actualidad, el 77% de las exportaciones de litio chileno van directamente al gigante asiático, concentrado por corporaciones como Tianqi Lithium (accionista de SQM). Chile queda posicionado predominantemente como un proveedor de materias primas subordinado a la cadena de valor industrial china, que refina el litio, fabrica las baterías y luego vende los vehículos eléctricos al mundo.
- La Infraestructura Crítica: Empresas estatales chinas administran hoy cerca de dos tercios de la distribución de energía eléctrica en Chile. Asimismo, la flota del transporte público (buses eléctricos Yutong o BYD) y la construcción de líneas de Metro están profundamente integradas al capital asiático.
- La Presión Geopolítica: Proyectos cruciales de conectividad soberana, como el trazado del cable de fibra óptica submarino, han sufrido presiones directas de Washington para excluir la tecnología y el trazado propuesto por China.
Rafael Pardo expuso este dilema estratégico:
«Si miramos producto a producto puede ser una cosa, pero en el fondo fue como decirle al mundo: ‘¿saben qué? Vamos a ir a sus reglas y en sus reglas vamos a llegar a los primeros lugares para ser competitivos comercialmente’… En Chile, el primer país de la región con relaciones diplomáticas, ni la dictadura cortó los lazos con China nunca».
4. El Neoliberalismo como Facilitador y los Desafíos de la Autonomía Estratégica
Existe una ironía teórica de primer orden: la vertiginosa expansión del capitalismo de Estado chino en el comercio cotidiano chileno fue posible gracias a la radicalidad de nuestro propio modelo neoliberal [61]. El Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado en 2006 y profundizado en 2019 permite que el 98% de los productos chinos ingresen a Chile con arancel cero. La nula regulación comercial, los bajos aranceles y la flexibilidad regulatoria que caracterizan la apertura económica nacional crearon el escenario ideal para que las redes familiares y comunitarias de la provincia de Zhejiang dominaran el mercado popular minorista.
No obstante, esta inserción «capilar» presenta importantes contradicciones materiales para un proyecto de izquierda:
- Destrucción del Comercio y la Artesanía Local: La masificación de productos manufacturados a bajo costo desestructura la producción local y el trabajo artesanal. Como advirtió el panel respecto a zonas tradicionales como Pomaire, la competencia de precios de la globalización directa invisibiliza el valor real del trabajo y malacostumbra al consumidor a precios imposibles de sostener para un productor local.
- La Zona Gris de la Regulación: Así como en los años noventa el retail chileno creció al alero de un vacío regulatorio en el crédito de consumo, hoy los modelos comerciales chinos de bajo costo operan frecuentemente en zonas de opacidad tributaria (evasión de IVA detectada por el Servicio de Impuestos Internos), laboral y de nula certificación de seguridad del producto.
- El Modelo Laboral en Disputa: El vertiginoso desarrollo industrial chino se ha cimentado sobre condiciones de trabajo ultra-explotadoras, representadas por el modelo informal de trabajo 996 (trabajar de 9 am a 9 pm, 6 días a la semana). Aunque declarado ilegal en China en 2021, el modelo instala la pregunta de si es posible un desarrollo soberano sin precarizar el tiempo de vida de los trabajadores.
Hacia una Posición Propia
Para las fuerzas transformadoras en Chile y América Latina, el desafío no consiste en elegir ciegamente entre el decadente imperialismo estadounidense o el paciente imperialismo «suave» chino. El desafío real radica en construir autonomía nacional y continental.
Aceptar la inversión extranjera es una necesidad, pero esta debe estar condicionada a la transferencia tecnológica, la industrialización nacional de nuestros recursos naturales (como el litio y el cobre) y la preservación de nuestra soberanía sobre la infraestructura crítica. La reconfiguración multipolar del siglo XXI nos obliga a dejar de ser meros espectadores o «territorios de disputa», y comenzar a diseñar, desde el Sur Global, un camino propio hacia el desarrollo soberano, justo y democrático.
Nota desarrollada en colaboración con el proyecto «Pensamiento estratégico en tiempos de crisis» de la Fundación Rosa Luxemburgo y la Fundación Nodo XXI .
