Esta semana, la presidenta de la Fundación Nodo XXI, Pierina Ferretti, junto a los investigadores Natalie Rojas y Juan Mena, entregaron al director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y a la Subsecretaría de Derechos Humanos el...

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Insistir en el Simce en 2020 y preparar un rescate para la “industria” por la vía de un nuevo CAE, sugiere que se sigue actuando por inercia y repitiendo errores que han costado caros al país. Peor aún, en lugar de creatividad y responsabilidad, se ve en la suma de crisis educativa y pandemia una oportunidad económica y/o partidista. Aunque el ministro Figueroa prometió no volver a usar la educación como trinchera partidaria, el espíritu de Cubillos, al parecer, sigue vivo en su ministerio.
El movimiento feminista había develado la violencia estructural y sexista del sistema neoliberal al poner en la palestra pública los cuidados. La invisibilización de ese trabajo realizado principalmente por mujeres, estalla con las crisis sanitaria y nos llama a complejizar la mirada para abordarla.
Publica Radio u. de Chile: «urge diseñar una nueva arquitectura laboral que recupere derechos que el neoliberalismo expropió al trabajo asalariado tradicional, pero también avanzar en una institucionalidad y organización de estas nuevas formas de trabajar».
La educación debe ayudar a disminuir los contagios, a darnos más certezas, a acompañarnos en la cuarentena, en definitiva; debemos hacer de la educación un espacio de tranquilidad y contención, proveedor de certidumbres en medio de la catástrofe. Esto no es perder el año ni traicionar los fines de la educación. Al contrario, es realizarlos.
Este escenario de crisis social y sanitaria invita a abandonar la idea de que las escuelas son las unidades productoras de “calidad” de la educación. El contexto de explosión e incertidumbre institucional nos refleja que toda la discusión educativa que se amarra del “mejoramiento” escolar, de las “habilidades del siglo XXI”, o del rendimiento y la calidad, se quedan desnudas, pues son incapaces de describir qué es la educación cuando hay crisis en la sociedad
Trabajadoras invisibles que con dicha labor y sin tiempo vital de descanso sostienen la vida y su defensa, ante la fallida política binaria del estado o el mercado, que ha negado históricamente a las mujeres pero que en momentos de crisis no resiste sin ellas
El Ministerio del Trabajo y Previsión Social no escucha estas demandas. Se reúne incluso con gremios empresariales como la CPC o la Asociación de Isapres, pero no considera espacio alguno para dialogar con sindicatos. Así las cosas, se repiten las recetas de la crisis del 2008, donde los trabajadores pagan las consecuencias y se abrieron nuevos mercados para el gran empresariado. Una vez más, el Gobierno sigue sin entender que los costos de una posterior crisis económica se van a agudizar si no se establecen condiciones mínimas de garantía y resguardo de las condiciones de vida de las y los trabajadores.
La crisis de la pandemia del Covid-19, a nivel mundial, ha develado que además de ser una crisis de salud pública -o falta de ella-, es una crisis del modelo neoliberal en toda su expresión, también si se trata de la violencia económica que día a día se ejerce contra las mujeres en su calidad de cuidadoras principales de hijos e hijas.
Tampoco queda claro los alcances de “asumir los costos” de la infraestructura y herramientas para desempeñar el trabajo: ¿serán las propias empresas las que pagarán teléfonos, computadores, Internet, o las cuentas de luz y agua?, ¿se habilitarán lugares especiales en el hogar o se tendrá que adaptar los dormitorios o cocinas como “espacios de trabajo”?, o en caso de trabajar desde un café, ¿quién pagará los costos asociados?.
Compartimos la versión en español del artículo de Víctor Orellana publicado por revista Jacobin de EE.UU.