Propuesta técnica incluye mecanismo realista y responsable para condonar CAE, Fondo Solidario, Corfo y otros créditos para la educación superior. Foto: AgenciaUno

El Mostrador: La fórmula ha sido sinónimo de agobio escolar para docentes, apoderados y estudiantes. La falta de claridad en la información y la diversidad de fórmulas que utilizan los colegios para abordar la educación remota, han generado varios problemas ligados a la falta de conexión a Internet, la pobreza y hacinamiento en los hogares vulnerables. El dilema que no se ha resuelto, según los especialistas y profesores, es que la educación en tiempos de crisis sanitaria debería estar al servicio de la contención y enseñanza sobre lo que ocurre, en función de resguardar la vida de las personas y no de cumplir con el calendario académico.
Trabajadoras invisibles que con dicha labor y sin tiempo vital de descanso sostienen la vida y su defensa, ante la fallida política binaria del estado o el mercado, que ha negado históricamente a las mujeres pero que en momentos de crisis no resiste sin ellas
El Ministerio del Trabajo y Previsión Social no escucha estas demandas. Se reúne incluso con gremios empresariales como la CPC o la Asociación de Isapres, pero no considera espacio alguno para dialogar con sindicatos. Así las cosas, se repiten las recetas de la crisis del 2008, donde los trabajadores pagan las consecuencias y se abrieron nuevos mercados para el gran empresariado. Una vez más, el Gobierno sigue sin entender que los costos de una posterior crisis económica se van a agudizar si no se establecen condiciones mínimas de garantía y resguardo de las condiciones de vida de las y los trabajadores.
La crisis de la pandemia del Covid-19, a nivel mundial, ha develado que además de ser una crisis de salud pública -o falta de ella-, es una crisis del modelo neoliberal en toda su expresión, también si se trata de la violencia económica que día a día se ejerce contra las mujeres en su calidad de cuidadoras principales de hijos e hijas.
Tampoco queda claro los alcances de “asumir los costos” de la infraestructura y herramientas para desempeñar el trabajo: ¿serán las propias empresas las que pagarán teléfonos, computadores, Internet, o las cuentas de luz y agua?, ¿se habilitarán lugares especiales en el hogar o se tendrá que adaptar los dormitorios o cocinas como “espacios de trabajo”?, o en caso de trabajar desde un café, ¿quién pagará los costos asociados?.
Para el sociólogo, profesor de la Universidad de Chile y especialista en temas laborales, el Gobierno tiene que «salir de los ideologismos en los que está atrapado y que le impiden operar».